La penumbra del apartamento de Victoria estaba cargada de un silencio denso, casi sofocante. Había cerrado las cortinas, dejando que solo un hilo de luz se filtrara tímidamente entre la tela pesada, proyectando una línea dorada en medio de la sala. El reloj de pared avanzaba con un tic-tac desesperante, como si quisiera recordarle que el tiempo no se detenía, aunque su mente sí.
Se dejó caer en el sofá, con la mirada fija en el techo. Su pecho subía y bajaba con dificultad, como si cada respira