Leonard dormía profundamente, su respiración tranquila y acompasada apenas era un susurro en la noche. El leve resplandor de la luna se colaba por la ventana, bañando su rostro con una palidez etérea. Pero dentro de su mente, las sombras no estaban en calma. Primero vino el viento, ese viento helado que parecía cortarle la piel, cargado de un olor extraño, metálico y húmedo. Luego, el sonido de los cascos de los caballos golpeando las piedras del castillo. No era un sonido habitual. Era violent