El restaurante no era uno especialmente elegante. Estaba decorado con luces tenues, madera clara y mesas de estilo industrial. A Emma le gustaba por su comida casera y por el ambiente relajado, pero para Leonard, aquello era un universo completamente nuevo. Tan pronto cruzaron la puerta de vidrio, el joven príncipe alzó una ceja al escuchar el timbre que sonaba al abrir, como si anunciara a los sirvientes del castillo que los nobles acababan de llegar. Sin embargo, nadie se acercó de inmediato