La mañana amaneció tibia, con el sol colándose perezosamente entre las persianas del apartamento de Emma. Afuera, la ciudad ya bullía con su habitual energía de inicio de semana, mientras adentro, Leonard se enfrentaba a un nuevo reto: preparar café… con una cafetera moderna. Emma, divertida, lo miraba pelearse con los botones como si fuesen criaturas del inframundo.
—¿Y dices que esto se supone que es fácil? —preguntó él, frunciendo el ceño mientras le daba vuelta al manual digital que Emma le