La noche había caído sobre el reino con un silencio inusual. No había música en el aire, ni pasos en los pasillos. Todo parecía sostener la respiración, como si el castillo entero presintiera que algo importante iba a suceder.
Leonard caminaba sin hacer ruido, con la capa envuelta apretadamente sobre sus hombros. Su paso era firme, pero en el fondo de su pecho, una punzada de nostalgia comenzaba a crecer como una raíz que se expandía con lentitud.
Los guardias, fieles a su príncipe, no pregunta