Y entonces, sus ojos se desviaron.
A la derecha de la bandeja había otra copa. Menos ostentosa. De cristal ligeramente azulado, con el emblema de una rosa doble entrelazada con una espina. La casa de la reina Elira, la mujer que acabó con tres rebeliones sin alzar una espada, solo con diplomacia y sabiduría. La única reina que renunció al trono para preservar la paz.
Emma la había leído.
La recordaba. En las páginas de Llamas de traición, Elira no era más que una nota al pie. Pero en los apéndi