El ala este del castillo se había vuelto un eco de su alma: elegante, silenciosa… pero helada. Lady Arabella Devereux caminaba con paso firme, pero por dentro, cada latido era una tormenta. La joven noble que alguna vez fue símbolo de dulzura, generosidad y ternura, había comenzado a desdibujarse entre sombras, sustituida por una mujer que no entendía cómo había pasado de ser la prometida ideal… a la mujer olvidada.
Los retratos del corredor parecían observarla. Algunos eran de reinas antiguas,