El amanecer filtraba su luz dorada a través de los ventanales del ala este del palacio, bañando las paredes en tonos cálidos, como si el sol quisiera anunciar que algo en el mundo estaba por cambiar. Leonard abrió los ojos lentamente, como si despertara de un sueño profundo que no le pertenecía. Por primera vez en semanas, su mente no estaba nublada, su corazón no palpitaba confundido ni su cuerpo sentía el impulso de buscar a una mujer cuyo rostro, ahora lo comprendía, jamás debió haberle prov