El sol se alzaba con suavidad sobre los jardines del palacio, filtrando su luz dorada entre los vitrales que adornaban los pasillos de mármol. Violeta, de pie junto a una de las ventanas, dejaba que el calor tibio le acariciara el rostro, como si buscara en él un poco de consuelo. Las últimas semanas habían sido una espiral de incertidumbre, pero también de pequeños milagros. Leonard había comenzado a recordar, poco a poco, como si su memoria se abriera paso entre las grietas del embrujo que lo