El amanecer llegó envuelto en un aire más espeso de lo normal, como si el palacio entero supiera que algo estaba a punto de cambiar. Emma —aún dentro del cuerpo de Lady Violeta Lancaster— llevaba horas sin dormir. La carta que recibió la noche anterior seguía desplegada sobre su escritorio como una amenaza silenciosa.
“Una reina sin corona aún puede perder la cabeza.”
El mensaje no llevaba firma. No lo necesitaba.
Solo alguien como la duquesa Eloise Lancaster escribiría algo así con tanta sang