CAPÍTULO OCHO.
Paul.
—¡No me toques! —exclamó Jessica en cuanto intenté tomarla del brazo para salir de la habitación de Dalana.
Cerré los ojos un instante.
Todo se había descontrolado demasiado rápido.
Aquella discusión jamás debió ocurrir y, sin embargo, ahí estaba yo, intentando reparar algo que ni siquiera había imaginado cuando regresé del trabajo.
Respiré hondo antes de hablar.
—Ve a mi habitación y espérame allí.
Mi voz salió más firme de lo que esperaba.
Jessica soltó una risa amarga.
—¿Hablas en serio