Paul.A la mañana siguiente desperté antes de que sonara la alarma.No era algo extraño en mí. Solía levantarme temprano, revisar correos, adelantar pendientes de la empresa y fingir que tener una rutina estricta era lo mismo que tener la vida bajo control. Pero esa mañana había algo diferente.La entrevista.Dalana Petsh.No sabía nada de ella más allá de aquel correo breve, directo y demasiado seguro para alguien que estaba solicitando un empleo como ama de casa. Y, aun así, había pasado parte de la noche anterior releyéndolo como si entre esas líneas pudiera encontrar alguna advertencia.No podía permitir que una desconocida me pusiera nervioso.Mucho menos antes de conocerla.Bajé las escaleras con el saco del traje ajustado y la expresión más serena que pude fingir. En la sala, Ximena estaba sentada sobre la alfombra, jugando con sus muñecas como si el mundo entero pudiera reducirse a vestidos pequeños, voces inventadas y una casa de plástico.—Buenos días, princesa —dije.Mi hija
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