CAPÍTULO NUEVE.
Dalana.

—¡Dalana! —gritó Ximena apenas crucé la puerta del enorme comedor.

No pude evitar sonreír.

La pequeña ya estaba sentada en su lugar con un babero de colores, los cubiertos perfectamente acomodados y un plato del que salía un delicioso aroma a estofado con spaghettis recién preparado.

La señora Vel terminaba de colocar una cesta con pan caliente sobre la mesa mientras David y el señor Rot conversaban en voz baja.

Paul, que acababa de entrar detrás de mí, caminó hasta una de las sillas.

Pe
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