87.
Megan
El teléfono no deja de vibrar.
Se enciende.
Se apaga.
Otra vez.
El nombre de Asher aparece en la pantalla como un recordatorio constante de todo lo que pasó, de todo lo que todavía duele… y no respondo.
No puedo.
No debo.
Cierro los ojos con fuerza y dejo el móvil a un lado, como si alejarlo físicamente pudiera darme un poco de paz mental, aunque sea por unos minutos. Pero el daño ya está hecho. Su nombre sigue ahí, grabado en mi cabeza, repitiéndose junto con cada imagen que quisiera bo