39.
MEGAN
La puerta se cierra detrás de la mujer y el silencio vuelve a adueñarse de la suite.
Permanezco varios segundos con el itinerario entre las manos, incapaz de decidir qué me irrita más: la habitación decorada como una luna de miel, el hecho de que Helena hubiera organizado cada minuto de esta semana o descubrir que, incluso después de muerta, sigue encontrando la manera de manipular nuestras vidas.
Suelto un suspiro largo y dejo la carpeta sobre la mesa de centro.
No quiero volver a verla.