37.
ASHER
El trayecto desde el aeropuerto hasta el hotel transcurre en un silencio sorprendentemente tranquilo.
No es el silencio incómodo de las primeras semanas.
Tampoco uno lleno de reproches.
Es simplemente... silencio.
Megan permanece mirando por la ventanilla mientras las calles de la isla desfilan ante nosotros. Las palmeras parecen interminables, el mar aparece y desaparece entre los edificios bajos y la luz del atardecer tiñe todo de un color dorado que hace que incluso el tráfico parezca