70.
Megan
El silencio se estira tanto que empieza a doler.
No sé cuánto tiempo pasa exactamente, pero es suficiente para que algo dentro de mí empiece a resignarse, a aceptar que no va a decir nada, que va a dejarlo ahí, enterrado en ese “todo está bien” que no me alcanza… hasta que finalmente lo veo tensarse.
Apenas.
Un gesto mínimo.
Pero lo conozco.
Y sé que está cediendo.
Exhalo despacio, casi sin darme cuenta, manteniéndome en silencio, dándole ese espacio que claramente necesita para hablar, a