99.
ASHER
Mis dedos apenas alcanzan a rozarla.
Es un contacto mínimo, casi inexistente, pero es suficiente para que algo dentro de mí intente aferrarse a esa última prueba de que sigue aquí, de que no todo se ha perdido del todo. Su piel está fría. No como la de alguien dormido, sino como la de alguien que está siendo sostenido artificialmente entre dos mundos.
—Megan… —susurro, aunque sé que no me escucha.
El monitor sigue su ritmo constante, indiferente. Las máquinas no entienden lo que signific