66.
ASHER
El sonido constante del monitor sigue marcando el ritmo de la habitación cuando me levanto con cuidado, procurando no hacer el más mínimo ruido que pueda despertarla. Megan sigue dormida, ajena por unos minutos a todo lo que pasó, a todo lo que todavía puede pasar, y por primera vez desde que entramos a este hospital, parece en paz.
La observo un segundo más de lo necesario.
Mi hija también está ahí, presente en ese latido que no deja de sonar, firme, constante, y aunque no me alejo del