51.
ASHER
El nombre de Megan no deja de repetirse en mi cabeza.
Es como un eco constante que no me da tregua, que se cuela en cada pensamiento, en cada respiro, en cada intento fallido de distraerme con cualquier otra cosa. Estoy sentado en el sofá, con el teléfono en la mano desde hace más de diez minutos, mirando la pantalla apagada como si en algún momento fuera a encenderse sola con su nombre.
Pero no pasa.
No va a pasar.
Y lo sé.
Aprieto la mandíbula y dejo el teléfono a un lado, inclinándome