44.
MEGAN
El hospital huele a desinfectante y a silencio.
Nunca imaginé que salir de aquí me haría sentir más vacía que al entrar. Durante las horas que pasé en observación apenas hablé. Las enfermeras venían, revisaban mis signos, preguntaban si tenía dolor, si el sangrado había disminuido, si me sentía mareada. Yo respondía lo necesario, nada más.
Asher estuvo en la habitación todo el tiempo.
Sentado en la silla junto a la cama.
A veces caminando de un lado al otro.
A veces mirándome como si qui