32.
ASHER
Todavía no puedo creer lo que pasó anoche.
La imagen de Megan irrumpiendo en mi habitación, encendiendo la luz como si estuviera desenmascarando un crimen, arrastrando a una mujer desnuda por el pasillo con una furia que jamás le había visto, se repite en mi cabeza desde que abrí los ojos esta mañana. No fue solo rabia. Fue algo más crudo. Más visceral. Y lo peor es que una parte de mí —la más honesta— no estuvo tan molesta como debería.
Porque cuando la vi así, reclamando territorio sin