Fernando Casteli
Pasaban de las once y aún no lograba decidirme. Tenía la tablet sobre el regazo, la pantalla llena de búsquedas abiertas: restaurantes, cafeterías con terraza, lugares tranquilos cerca de la clínica. No quería un sitio demasiado elegante —no podía llevar traje ni caminar del brazo de Valeria aún—, pero tampoco algo tan simple que no mostrara el esfuerzo que estaba haciendo. Era nuestra primera cita. Nuestra primera oportunidad de ser algo más allá de estas paredes.
No podía arr