Capítulo 32
Renata y Camila hablaban casi en susurros, con los nervios crispados, las manos húmedas de sudor. El miedo las había vuelto torpes y cada sonido del pasillo parecía un presagio.
—No pienses en irte —le advirtió Renata con un hilo de voz—. Somos cómplices en esto, Camila… si me dejas, te hundo conmigo.
Camila abrió la boca para responder, pero la puerta se abrió de golpe con un estruendo que las hizo brincar como si las hubieran descubierto en pleno crimen.
—¡Dios mío, Jeremy! —soltó