Il Cervo.
El nombre retumbaba en su mente como una campana vieja que nadie se atrevía a tocar. Aquel apodo —el Ciervo— no era casual. Lo llamaban así por su habilidad para moverse entre territorios enemigos sin dejar rastro. Astuto. Rápido. Letal. Un cazador que parecía presa… hasta que se acercaba.
Isabella no habló del tema durante días. No le dijo nada a Dante, ni siquiera a Francesca. Pero en secreto, comenzó a trazar su mapa de cacería.
Contrató a un exagente de inteligencia italiano