Capitulo 47

Mía Lombardi

​El suave vaivén de la lancha que nos llevó del cayo al jet privado de Alan fue el último resquicio de paz que experimentaría por un tiempo. Mientras el avión de lujo despegaba de la pequeña pista de coral, miré por la ventanilla cómo la isla se hacía cada vez más pequeña, un paraíso borrándose en el horizonte. Alan, sentado a mi lado, entrelazó sus dedos con los míos y me dedicó una sonrisa cargada de promesa y una pizca de anticipación.

Él sabía lo que nos esperaba. Yo también.
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