Mía Lombardi
El primer día de mi vida como Mía Lombardi no amaneció con el tintineo de alarmas, ni con el ajetreo de una ciudad que nunca duerme.
Amaneció con el sonido de las olas rompiendo suavemente contra la orilla y con el aroma a Alan, mi esposo, impregnado en cada centímetro de las sábanas de seda. Me desperté envuelta en sus brazos, mi cabeza recostada sobre su pecho, escuchando el latido fuerte y constante de su corazón. La marca en mi dedo anular, el diamante que ahora brillaba con