Mariana Miller
El olor a sexo, tabaco caro y el perfume almizclado de Julián Lombardi flotaba en la habitación como una neblina tóxica. Me moví entre las sábanas de seda negra, sintiendo el roce frío de la tela contra mi piel todavía sensible. A mi lado, el patriarca de los Lombardi descansaba con una calma que me resultaba exasperante. El sudor todavía brillaba en sus hombros, y por un momento, me permití disfrutar del poder que sentía al tenerlo así. Había algo familiar en la forma en que su