Fue gratificante observar el rostro lleno de frustración de Alessandro. Seguía intentando dar con el cómo fue que los Napoli se habían encargado del tipo dejando la sangre en el balcón sin ningún otro rastro de agresión física, jamás adivinaría que se trataba de sangre de cabra y no la del hombre, excepto la poca sangre que dejaron los chicos regada por el suelo para dejarle el mensajito a Coppola.
A pesar de que me sentía feliz por haberle dado ese gran susto y ese sabor amargo en su boca prod