Finamente habían levantado mi confinamiento y mi vigilancia estricta, sabía que si mi gente no atacaba ni daba señales de vida, Alessandro terminaría por calmarse y todo volvería a la normalidad. Ya podía salir al jardín a leer y a dejar que mis hombres me vieran, que supieran que me encontraba con bien y que mi enemigo no sospechaba aún nada con el hecho de que yo era el jefe de los Napoli.
Cuando pensaba en ello me resultaba bastante divertido. Alessandro seguía frustrado con las acciones de