Apenas al quedarme en la penumbra de la noche, tomé el conjunto de sábanas amarradas en los extremos que me había agarrado de la lavandería para supuestamente arreglar mi cama, salí de la habitación y bajé corriendo, pero con mucho sigilo, las escaleras; fui al patio y me dirigí directo al tragaluz que daba a la habitación donde Franco se encontraba encerrado. Sabía que debía apresurarme antes de que Alessandro acabara con su vida.
Tomé una piedra y la cubrí con la sábana, golpeé el vidrio y qu