Nunca pensé que volver a un centro comercial pudiera remover tantas cosas dentro de mí. Pero apenas las puertas automáticas se abrieron, el aire frío chocó contra mi piel y sentí una punzada en el pecho tan aguda que casi me obliga a retroceder.
La gente reía, caminaba sin prisa, disfrutaba su vida sin saber que el mundo de alguien más podía estar completamente roto. Yo cargaba un dolor que no tenía espacio, ni forma, ni salida. Pero aquí estaba… caminando como si nada.
—Respira, Isa —me dijo M