El murmullo de los invitados se mezclaba con la música elegante del cuarteto de cuerdas. El salón era tan grande que el sonido de las risas rebotaba en las paredes cubiertas de espejos y dorados. Desde donde estaba, podía ver a los mesoneros moverse como sombras entre las luces cálidas, sirviendo copas de champaña, retirando platos de aperitivos, llenando el aire con aromas de trufas y flores frescas.
Me dolían los pies, aunque no quería admitirlo. Llevaba horas fingiendo que pertenecía a ese m