No pude comer la comida que Lorenzo preparó. Desde el primer bocado supe que algo no estaba bien.
—Esto sabe… raro —le dije, haciendo una mueca.
Él arqueó una ceja, incrédulo.
—Exageras. Si hasta le puse mi toque secreto —dijo con orgullo, probando un pedazo de la carne.
Un segundo después su rostro cambió, y con un gesto de asco dejó el tenedor sobre el plato.
—Dios mío… ¿qué demonios le puse? —murmuró, y yo no pude evitar reírme.
—¿Toque secreto? Más bien toque mortal. Creo que acabas de inve