El día de la revelación de sexo finalmente había llegado. Apenas desperté esa mañana, sentí un cosquilleo que subía desde mi estómago hasta la garganta, mezcla de nervios y felicidad. Todo estaba listo; Lorenzo se había lucido con cada detalle. Las mesas estaban impecables, con manteles de lino blanco puro y caminos de mesa dorados, cristalería fina que reflejaba la luz de los candelabros, y centros de mesa con flores blancas y lilas que desprendían un aroma delicado y envolvente. Podías sentir