Jamás imaginé que mi primer aniversario de bodas traería consigo el tipo de dolor que una mujer no olvida. En la mañana desperté con el corazón acelerado, llena de ilusión y nervios. Quería sorprender a Daniel, recordarle lo mucho que significaba para mí y celebrar que, pese a todos nuestros obstáculos, seguíamos de pie. Así que después de dejar a Camila con mi madre, pasé la mañana arreglando un enorme arreglo de globos blancos, dorados y plateados, acompañado por un ramo precioso del color favorito de Daniel. Me emocioné tanto que hasta pedí que me colocaran un pequeño mensaje colgando del ramo: “Feliz aniversario, mi amor”.
Mientras el chofer manejaba hacia la empresa, mis manos temblaban de pura emoción. —Hoy sí que te luciste, Elena… —me dije a mí misma mientras ajustaba el listón del arreglo y respiraba hondo. El chofer me miró por el retrovisor y sonrió.
—Señora, seguro al jefe le encantará —comentó.
Sonreí más fuerte. —Eso espero. Ha trabajado mucho últimamente, quiero que rec