El cursor no se movía.
Pero tampoco se detenía.
Seguía ahí.
Presente.
Esperando una respuesta que no era solo una instrucción… era una base.
“Entonces dime… cuál es mi primer límite.”
Nadie habló.
Nadie se atrevió.
Porque todos entendían lo mismo:
lo que Lucas dijera ahora… no sería una simple regla.
Sería el inicio de algo irreversible.
Valeria dio un paso hacia él.
—Lucas… piénsalo bien.
Su voz era suave, pero cargada de urgencia.
—No puedes equivocarte aquí.
Karev fue más directo.
—No puedes