El aire en la sala, ¡vaya!, se hizo casi imposible respirar.
No era por falta de oxigeno, no señor…
sino por lo que venía.
Lucas dio un paso, decidido.
Karev reaccionó rapidísimo, plantándose frente a él.
—¡Hasta acá!
Lucas, ni se inmutó, siguió.
—Quítate de encima.
Sofía ya estaba cerca del servidor.
Manos…¡preparadas!
Esperando el momento preciso.
Valeria…
No podía ni moverse, pobre.
—No… —susurró, con miedito—. No hagan esta locura…
Pero nadie le presto atención.
Porque la decisión, ya, esta