La madrugada llegó con una lluvia fina que parecía caer más por costumbre que por tormenta. Las luces de la ciudad se reflejaban en el asfalto húmedo, estirándose como hilos dorados que se rompían cada vez que un coche pasaba.
Lucas no había dormido.
Llevaba horas sentado frente a la ventana del apartamento, con los codos apoyados en las rodillas y las manos entrelazadas, observando la calle como si en cualquier momento fuera a aparecer una respuesta caminando entre la lluvia.
Pero las respuest