El sol de la mañana se colaba por las cortinas, dibujando líneas doradas sobre el suelo mientras el niño jugaba con bloques de colores en la sala. Su risa llenaba el espacio, ligera e inocente, ignorante del mundo complicado que lo rodeaba. Lucas se arrodilló frente a él, tomando un bloque con cuidado, mostrándole cómo encajarlo en la torre que habían empezado juntos.
—¡Mira! —exclamó el niño, levantando la torre recién construida—. ¡Es la más alta!
Lucas sonrió ampliamente, sorprendido por la