El aire del juzgado era pesado, cargado de murmullos y pasos apurados. Valeria sintió que el corazón le golpeaba contra las costillas. Cada mirada que recibía la hacía más consciente de lo que estaba en juego.
Lucas estaba a su lado, firme, pero no podía evitar observar cada gesto del pequeño que sostenía su mano con inocencia absoluta. No tenía nombre aún. No debía pronunciarse. Pero el vínculo era innegable incluso en la distancia.
—Señora Valeria —dijo el secretario judicial—, hemos recibido