Valeria despertó antes de que sonara la alarma.
Estaba en su cama. Sola. El abrigo tirado en una silla, el celular apagado desde las dos de la mañana. No sabía exactamente cuánto tiempo había pasado desde que volvió de la terraza de Liam, pero lo que sí sabía era que algo en ella ya no era igual.
Había un vacío distinto. No el de la soledad, sino el que dejan los encuentros intensos. Ese hueco que se forma cuando algo real toca una parte vulnerable… y después desaparece.
Se sentó al borde del c