Lucy respira profundamente y, tras recomponerse un poco, Juan Manuel se ofrece a llevarla a su casa. Al llegar, la deja en la puerta, le da un beso ligero en la mejilla y le dice:
—Si necesitas algo, lo que sea, llámame, sin importar la hora.
Hace días que no pisa su hogar. Tras una semana cargada de dolor, le reconforta haber regresado al menos a ese refugio conocido. Lucy se da una larga ducha, tratando de liberar algo de la tensión acumulada. Luego se prepara una cena ligera y se deja caer e