Dice una voz a sus espaldas que los hace sobresaltar a los tres. Jerónimo, sin dudar ni un segundo, corre hacia ella y la abraza tan fuerte, llorando desconsoladamente.
—Lo siento, Lucy, lo siento mucho, mi amor, nunca debí dejarte sola.
—Jerónimo... —dice Lucy emocionándose con la angustia de Jerónimo—. Cómo puede amarlo tanto, Dios mío.
—Tienes que operarte, mi amor, hazte el trasplante, por favor.
—Si han venido aquí a convencerme, es imposible, no hay vuelta atrás.
—Tenemos una larga vida p