Al día siguiente están todos en la sala de espera del quirófano, nerviosos, a la espera de noticias de Lucy. Jerónimo está desesperado, no sabe más qué hacer. Las horas pasan y, sin noticias de ella, de cómo va la operación, de cómo está su hijo, lo tienen como loco. Va y viene de un lugar a otro sin parar, se ha tomado más de tres cafés, pero no puede parar su ansiedad por nada del mundo. Si pierde a Lucy y a su bebé, nada más tiene sentido en su vida. Pedro se acerca a él al verlo al borde de