El día se presentó gris, con un cielo cubierto que parecía reflejar exactamente lo que Camila llevaba en el pecho: una tormenta que no le daba tregua. Había pasado la noche en vela, recordando cada palabra de Alejandro, cada gesto, cada sombra revelada en aquella confesión.
Se encontraba en su apartamento, rodeada de silencio, intentando encontrar refugio en el orden impecable de su sala. Pero ni siquiera la pulcritud de aquel espacio lograba apaciguar el caos en su interior. Caminaba de un lad