ÁNGELA
Durante todo el fin de semana no dejé de revivir la conversación con Martina. Sus palabras se repetían en mi cabeza una y otra vez.
Sentada en el sofá, me mordía el labio inferior mientras intentaba convencerme de que debía dejar de imaginar cómo iba a comportarse Gabriel y de responder por él antes siquiera de darle la oportunidad de hacerlo.
El lunes amaneció con una luz demasiado brillante para el estado de ánimo con el que me había despertado. Aun así, me obligo a dejar a un lado m