Gabriel
Estaba harto.
Harto de reuniones interminables, de cenas de gala, de fotógrafos y de fingir interés por conversaciones que apenas escuchaba. Durante tres días no había hecho otra cosa que cumplir compromisos que no podía cancelar, mientras mi cabeza regresaba una y otra vez al mismo lugar: Ángela.
Después de aquella noche cuando hicimos el amor en mi despacho, había intentado acercarme a ella una y otra vez, pero siempre encontraba un muro esperándome.
Y, aun así, no pensaba rendirme. P