ADELA
Mi cuerpo pierde fuerza y me agarro a sus hombros. Me apoya en la pared de azulejos de la ducha y cambia al otro pecho, que ansiaba ser tratado de la misma manera que su homólogo.
Intento hablar, pero no me salen las palabras. Él sonríe contra mi piel, como si mi reacción le resultara divertida, mientras alarga un brazo y alcanza mi manojo de nervios dando dos golpecitos, como si fuera el mando de la tele. Eso me enciende y me retuerzo contra él pero me aprieta el vientre con una mano l