ÁNGELA
Dos días.
Dos días intentando convencerme de que acostarme con Gabriel había sido un error.
Un error precioso, intenso y muy placentero, pero un error, al fin y al cabo.
Él, por supuesto, no parecía compartir mi opinión.
Desde aquella noche había encontrado cualquier excusa para acercarse a mí. Mensajes preguntando si había llegado bien a casa. Incluso se las había arreglado para aparecer en mi despacho con cualquier pretexto absurdo solo para quedarse unos minutos hablando conmigo.
Y yo